domingo, 21 de septiembre de 2014

#03 La Frontera

La Frontera, centro nerurálgico de Lagunillas Vieja

Por: Ernesto J. Navarro

Cuando cumplí los 6 iba rumbo al primer grado en la escuela Carlos Emiliano Salom. Una escuelita pública enclavada en pleno corazón de los Talleres Centrales de Maraven, pero que vivía de la caridad y no de la poderosa empresa petrolera (de eso les cuento después).

Ese año estrenaba camisa blanca de cuello impecable y pantalón kaki (el blue jean no se usaría hasta el año siguiente).

Aún estando de vacaciones una mañana, mi mamá nos levantó temprano porque teníamos una tarea impostergable: debíamos hacernos las fotos tipo carnet para poder inscribirnos en el año escolar 1980-1981.

El día anterior ya habíamos pasado con impresionante valentía por los instrumentos de tortura que simbolizaban las herramientas de trabajo de Pepe. Un barbero italiano que tenía su salón cerquita de la venta de comida del señor Fermín. Les hablo de esos locales que hoy ocupan el abasto de Zaida y una pizzería, allí frente a la calle del hambre en Puerto Nuevo.

La visita a la barbería de Pepe dejaba marcas inconfundibles, ya que siempre estampaba detrás de las orejas sus afiladas tijeras y esa visita, como marca de guerra, se saldaban con sangre. Mientras uno protestaba (léase lloraba) Pepe decía en su medio español-italiano: No llore, el abuelo lo lleva a la piñata, los carritos, el avioncito, los juguetes!!! 

Así que recién peladitos -al mismo estilo que siempre cortaban el cabello al abuelo Germán- esa mañana íbamos con mamá (a bordo de un carrito Lagunillas-Los Campos) rumbo a posar frente al lente de FOTO VASQUÉZ. Era la tienda del papá del conocido fotógrafo Alfredo Vásquez (Hoy dueño de Bip-Bip Foto en Ciudad Ojeda) ubicada en La Frontera(1). 


Aprendió el arte de la cámara de su padre y continuó con Foto-Vásquez

Un pueblito, un mundo 
La Frontera era un pueblo ubicado justo a mitad de camino, entre los muelles de embarque de los obreros petroleros identificados como Norte (Maraven) y Sur (Meneven) de Lagunillas. Parecía uno de esos pueblos fronterizos que fabrican en las películas gringas, sólo que bajo el sol inclemente del Zulia.

Fachada del Restaurant La Frontera y Aviso de parada Lagunillas-Los Campos
La Frontera era el centro neurálgico de la Lagunillas petrolera.
  
Era terminal de pasajeros: de allí salían carritos para Ojeda, Cabimas, Maracaibo. Autobuses para Mene Grande, Valera, Trujillo (Los autobuses de las líneas Tica y Expresos Escalante, paraban allí).

Era centro comercial: Abastos, Ferreterías, estudio fotográfico, zapaterías, venta de ropa, de perfumes, joyería y accesorios tenían vida en este pequeño poblado. El señor Tomás reparaba zapatos en La Frontera y más tarde en el mercado de Campo Grande.

Abastos Molina en La Frontera
Además había un banco de Maracaibo.

6 ó 7 bares recibían a los trabajadores petroleros que venidos de Norte y Sur, enfriaban sus gargantas a punta de cervezas al sonar el pito de las 4. Uno de los más famosos era el bar del Hotel Lara.

El aviso de "bodega" camuflaba la venta de cervezas regional

Algunas de sus construcciones eran de tabla, muy semejantes a las existentes en la Lagunillas de Agua y algunas casitas servían de vivienda.


 La histórica sede del otrora poderoso Sindicato de Trabajadores Petroleros de Lagunillas (Stpl) y hasta un Ince-Industrial tenían asiento en La Frontera.

Fachada del una vez poderoso STPL

STPL cuando aún vivía en La Frontera
Cuando habían pasados sus años de esplendor La Frontera fue asediada por un enemigo al que no pudo combatir: la subsidencia. Término que la tecnocracia de la industria petrolera le dio al hecho de que la tierra se hunde a medida que le extraen petróleo.

La Frontera, cuando ya el desalojo era inminente
Y antes de que alguien quisiese salvar a Lagunillas vieja con un plan de ciencia ficción, ya los trabajos para construir La Nueva Lagunillas habían comenzado. 

Con la parsimoniosa lentitud de un continente, La Frontera se fue vaciando de gente, de vida comercial y de calor humano. Familias emblemáticas como Los Cordones o Los Santos, habían partido. Ya Cheo, el barman de La Bombilla no tenía casi clientes a quién servir y como un quijote, Viriley que tenía un taller de reparar “abanicos”(2) gritaba a los ingenieros que iban a advertirle del desalojo: Tendrán que matarme pa sacarme de aquí!!! 

Vistas de La Frontera

La Frontera de pie aunque no pudo resistir
Y aunque parezca coincidencia, una vez más, un nuevo pueblo: La Nueva Lagunillas, surgió de las cenizas de La Frontera, de Lagunillas Vieja. El ave fénix surgía una vez más.


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(1)Las fotos han sido tomadas de dos grupos de Facebook: Lagunillas de mis recuerdos y Conoce La Historia del municipio Lagunillas. 
(2)En el Zulia se le dice abanico -también- a los ventiladores.

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